A nuestro querido Miguel
Me dejó fotos, muchas fotos. Pese a su breve existencia en el exterior de 25 años, 6 meses y 3 días, y a la mucho más breve relación de amistad que habíamos entablado en la prisión, me legó su gran caja de recuerdos, de imágenes cuya vida él se llevó muy lejos, de cerca de cien fotos que constituían su tesoro más preciado. Sí, Miguel también había tenido una vida propia antes de ingresar en prisión para muchos años.
Las miraba y remiraba en el chabolo. Se emocionaba siempre con las mismas. Me las explicaba una y otra vez. Y se lamentaba de los errores cometidos. “Ahora lo haría de otra forma“, me decía. Luego, volvía a la realidad. Tras quince años de ir de prisión en prisión ya sólo quedaban recuerdos, frágiles memorias que se desvanecían rápidamente en su brutal choque con la realidad y con el tiempo.
Ya no había dónde ir ni qué hacer. Nadie le esperaba ya. Su vida se había convertido en un lejano recuerdo, una foto amarillenta que ya nadie miraba.
Una foto amarillenta
que ya nadie miraba
Pero, querido Miguel, debiste recordar que cada día que despertamos es un nuevo regalo, un nuevo comienzo, una nueva esperanza. No podías recuperar tu vida pasada pero sí comenzar una nueva, en otro lugar, en otro tiempo. Es fácil para mí decirlo, que nunca he sentido la soledad tanto como tú, pero si tuviste algo valioso en el pasado porqué no intentarlo de nuevo.
Sin embargo, repartiste tus cosas entre nosotros, te despediste de todos con buenas palabras, e hiciste tu último viaje junto a la dama blanca, que se te llevó lejos, muy lejos. Era tu final. Tenías derecho a escribirlo. Querido amigo de cautiverio, mi condena se ha vuelto más amarga sin ti. Ahora a mi ya solo me queda tu gran caja de recuerdos.
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2 Comentarios
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Era una muerte anunciada. Lo decían sus ojos, sus manos…todo él.. El miedo a enfrentarse de nuevo a una sociedad, ya hacía tiempo extraña para él y le posibilidad de no poder resistir el impulso de volver a cometer el mismo delito le aterraba, al acercarse la fecha de su permiso de salida.
Frágil era su salud y demasiado frágil también la voluntad de querer seguir adelante. ¡Tengo miedo, mucho miedo!, me dijo cuando estuve hablando con él en el CP de Daroca. Lo conocí en Zuera, en uno de los módulos más duros. Me impresionó su aparente serenidad y su hambre de cariño.
¡Demasiado tiempo en prisión y un forastero de la vida normalizada!
Desde donde esté, seguro que echará una mano para ayudar a concienciar a jóvenes de los peligros de la droga.
El tener una caja de fotografías y recordar los momentos y las personas que estaban retratadas es lo que lo hacía especial, ya que todos guardamos imágenes y en la mayoría de las veces no sentimos la felicidad de los momentos vividos cuando las vemos.
En cuanto a la zozobra de sus días aciagos, todos hemos cometido errores, algunos con pagos económicos, otros con límites de la libertad, perdido amistades, ganado tristezas, soledades, apatías. Jamás he considerado que estando muerto estaré mejor y mis penas están resueltas, porque nadie conoce la situación después de la vida. Ciertamente solo estando vivo podre revertir lo que erre mientras vivía. Pero si estoy entre amigos y me gana la angustia es porque estoy mal contenido y desde allí la responsabilidad es de mi entorno. Saludos